Hoy Señor, mucho, mucho tiempo después, no sé cómo ni por qué vuelvo aquí. Bueno, siendo sincero, sí que sé por qué. Me falta mucho Señor, pero mucho. Por eso, no puedo más que sentarme delante tuyo, incluso caer de rodillas, con una guitarra entre las manos que es como mejor sé alcanzarte. Y cantar. Cantar cómo mejor sé. No porque saque la mejor voz, sino porque me saque a mí mismo en canción. Que saboree cada sílaba. Que sea sincero, totalmente sincero, porque no tiene sentido esconderte nada. E incluso antes de cantártelo, de decírtelo ya estoy perdonado. Lord I need you. Perdóname Señor, no estoy acostumbrado a pedir perdón, así que no sé ni cómo hacerlo. Te voy a cantar hasta que no de más de mi. Hasta que todas las canciones se hayan gastado. Hasta que se me una tanta gente, que no haga falta que siga cantando. Y simplemente coger la guitarra, levantarme, y, en silencio, escuchar cantar en silencio al resto. Entonces, habrás ganado Señor.