4 de enero de 2011

Y pasó el 2010 y empezó el 2011. Paso de hacer repasos y de pensar que es lo que he hecho el año pasado y lo que quiero hacer el que viene. Por lo menos por ahora.
Tampoco sé concretamente porque escribo, pero sé que necesito hacerlo.
No has podido apartar los ojos de ella. En toda la noche no has podido dejar de buscarla con la mirada cada minuto. Aunque sabías dónde estaba seguías mirando. Sólo por saber que está ahí al lado. Que podrías dar unos pasos para tocarla, para acariciarla. Pero no está sola, y eso también lo sabes. Y aunque sabes que verás más de un beso, de una caricia, de una mirada de cariño (y a lo largo de la noche verás muchas) sigues mirándola.
Es increíble lo que te hace sentir. Sí, te duele, te duele pensar que ese podrías ser tú, que podrías estar recibiendo todos esos gestos. Pero cuando te fijas en como sonríe, en cómo le brillan los ojos, en como se le ilumina la cara y se convierte en una estrella completamente, todo lo demás desaparece. Como un 2 de octubre te das cuenta de que la quieres. Que quieres seguir viéndola sonreír siempre que puedas, que es una de las imágenes más maravillosas que has visto nunca. Que todavía te sigue provocando esos nudos sin que lo sepa.
Echas la vista atrás y te acuerdas de cierta noche, muy cerca de dónde estáis ahora. Solos en medio de un parque, en un banco, a las 3 de la mañana. Y solos es completamente solos. No escucháis a nadie. Totalmente idílico. Sentirla tan cerca, poder abrazarla sin preocuparte por nada más. Hablar en susurros por miedo a romper el encanto, y hacerlo así más encantador incluso. Sus labios húmedos sobre tu piel. Hace tiempo ya de eso, y sin embargo lo tienes tan reciente... Te acuerdas de un montón de detalles, y sigues pensando que fue maravilloso. Sabes que ella también lo recuerda, y estás seguro de que también guarda ese recuerdo con cariño, porque ¿cómo no va a ser así? Cuesta pensar que ese recuerdo sólo es eso, y, por lo menos ahora mismo, no se va a repetir.
Pero te sientes orgulloso de cómo la trataste. Nunca la has mentido. Nunca la has forzado a nada que no quisiese hacer. Nunca la has echo sentirse mal. Nunca has dejado de quererla. Quizás si no lo hubieses hecho así, todo sería distinto. Pero te sigues sintiendo orgulloso de lo que hiciste y de lo que no hiciste.
Lo siento, mi mayor defecto sigue siendo la paciencia. Sé que te voy a esperar; cuanto no lo sé, pero te voy a esperar. Es muy fácil decir que intente olvidar, que lo deje atrás. Pero me conozco, y no quiero dejarla atrás. No puedo. La sigo necesitando.
Querría decírtelo de todas las formas posibles, cantarte todas las canciones que conozco, decirte estrella hasta que se me gaste la voz.
Estrella. Te quiero.





Cuando escuchas una canción, te fijas en la letra... y te das cuenta de que está hablando de tí, de que te refleja tal y como te sientes ahora. Que ha sabido usar las palabras para expresar lo que guardas en tu cabeza. Perfecta.

Sueña que sueña la estrella
Siempre en estado de espera
Sueña que sueña con ella